Holismo y desarrollo rural, territorialidad y extensión

 

 

 

Jorge Galo Medina Torres

Consultor Holístico

Simposium Internacional

De Recursos Naturales De Zonas Áridas De América

Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro

 

Resumen

Se hace referencia a la Extensión Holística, que trata del acompañamiento, capacitación, educación, innovación y comunicación rural, la territorialidad y el productor rural. La Extensión es el trabajo innovador, memorable e imaginativo del extensionista al lado del productor. Es, por tanto, objeto y sujeto del desarrollo rural sustentable. La extensión holística es multidimensional, es decir, considera los aspectos humanos del productor, los sociales, los ecológicos, los económicos y los productivos. Es una inversión orientada a resultados y cambio de actitudes; es un proceso educativo, permanente y continuo, de intercambio de conocimientos técnico-científicos y tradicionales, para mejorar la calidad de la vida de los productores, familias y comunidades rurales. Contribuye a enriquecer sus prácticas productivas mediante la aplicación de métodos y técnicas mejoradas, que promueven su participación y autogestión para identificar y solucionar sus problemas. La filosofía central de la extensión es que ayude al productor a ayudarse a si mismo, y que desarrolle su capacidad personal para modelar su propio destino y que conciba a la producción rural como un todo, no aislada, mediante un enfoque sistémico, integral u holístico. La extensión en su sentido más amplio la aplicamos todos, en cualquier actividad que desempeñemos. En el campo, es fundamental para cultivar y educar al productor y eliminar la funda mental que inhibe su cambio de actitudes para el desarrollo de nuevas aptitudes.

Un nuevo enfoque de Extensión

Ante los nuevos retos del sector agroalimentario en Mèxico, es necesario modificar los paradigmas actuales de capacitación, educción y asistencia al productor rural; sobre todo, los esfuerzos encaminados a hacer posible que las nuevas tecnologías, prácticas agropecuarias y esquemas de desarrollo rural sean apropiados por los productores rurales, para mejorar su producción y productividad, y por tanto, sus condiciones socioeconómicas.

En particular se hace indispensable asumir una nueva metodología que supere los esfuerzos tradicionales de la extensión rural. Una nueva extensión debe tener nuevos alcances relevantes con el perfil del nuevo extensionista que se necesita en México para incidir e impactar positivamente en el logro de un campo más competitivo, productivo, rentable y sustentable. Para ello, resulta imprescindible contar con un sólido Sistema y Servicio Nacional de Extensión para el sector Agroalimentario, cuyo protagonista central, el extensionista, cumpla con el siguiente perfil de habilidades, capacidades, conocimientos y valores:

1)   Visión holística, (conocer las principales características de las cadenas de valor)

2)     Humanista (priorizar el desarrollo personal del productor) Que el extensionista domine las siguientes innovaciones:

 

  1. Producto (ver más allá de la especie o cultivo e incluye aquellos cambios o adiciones de los bienes que se producen o de los servicios que se prestan)
  2. Proceso (la innovación de proceso implica cambiar la forma en que se producen los bienes o se prestan los servicios entender el proceso productivo)
  3. Mercado (la innovación de mercado significa cambiar la form o las condiciones en que se comercializa el producto, o variar el mercado    o   destinatario del bien o servicio)

       4. Institucional (vinculado al gobierno y los servicios de investigación y educación

      5. Social (La innovación de organización social representa un cambio en la        estructura, las actividades o servicios brindados, los procesos o metodologías             puestas en marcha o la relación con otros actores e incluye aspectos como la asociatividad, la organización productiva y las redes)

      6. Personal (la innovación personal está destinada a profundizar en    el autoconocimiento del productor y liberarlo de toda limitación para convertirlo en un mejor productor)

A la luz de las experiencias recientes, resulta evidente que se debe invertir en cultivar el saber, el conocimiento para engendrar la tolerancia, la humildad y una relación más humanista. En el ámbito rural, este es el umbral del nuevo liderazgo para el extensionista contemporáneo, el extensionista líder de servicio, emprendedor con un enfoque de innovación social; en el que ésta última sea el motor que guíe su desempeño, tanto en lo productivo como en lo organizacional.

En esencia, la innovación es la aplicación de conocimientos, y sólo se da cuando ese conocimiento sea en la forma de ideas, prácticas o tecnologías, es apropiado por los individuos y comunidad (IICA, 2014). De manera más rigurosa, Lamm (2004) establece que “…La habilidad de una organización para innovar es una precondición para la utilización exitosa de recursos inventivos y nuevas tecnologías…” Esto significa modificar nuestra percepción común que la innovación tecnológica dispara la innovación organizacional. Esto significaba que al cambiar el ámbito de competencias, las organizaciones se veían forzadas a adaptarse a éstas nuevas demandas.  Más claro no podría haber sido dicho: “…los economistas asumen que el cambio organizacional es una respuesta al cambio tecnológico cuando de hecho la innovación organizacional puede ser una precondición necesaria para la innovación tecnológica…” (Lamm, 2005). De ello se deriva que una de las innovaciones prioritarias para el extensionista actual es la referente a la organizacional, para hacer de la extensión una innovación organizacional; entendida esta como la creación o adopción de una idea o conducta nuevas a la organización. Aun cuando no hay consenso en el concepto y metodologías de la innovación organizacional, se vislumbran como fuerzas endógenas que pueden acelerar o restringir la adecuación y evolución a los cambios tecnológicos a los siguientes: 1) capacidad de aprendizaje, 2) valores, 3) intereses y 4) poder.  La innovación de la extensión al ser un proceso educativo y humano y que se inicia con el productor mismo, tiene como requisito la formación y entrenamiento de un extensionista diferente, orientado al servicio, con perspectiva humanista y holística para visualizar todas las interacciones que implica el desarrollo rural, que va más allá del producto, proceso, mercado, aspectos sociales, institucionales y personales; que abarca la territorialidad, la sustentabilidad y el cambio de actitudes y aptitudes de todos los actores involucrados.

La nueva extensión, para ser innovadora debe incluir aspectos nuevos, actuales, que le de valor agregado al conocimiento generado, que realimente y se sustente en el conocimiento generado por las instituciones educativas y de investigación, que atienda conjuntamente las necesidades del productor y del país, que vea la cadena productiva completa, que respete culturas, tradiciones y conocimientos de los productores, que sea una vía de comunicación efectiva y un vehículo para el intercambio abierto de tecnologías y saberes, que no suplante la toma de decisiones que debe ser prerrogativa del propio productor y su comunidad u organización. Esto es en esencia la Extensión Holística.

 ¿Territorio o Teerritorialidad?

 Recientemente, en la editorial del boletín de agricultura familiar para América latina y caribe (FAO, 2016), redactada por el representante de la FAO en Perú, John Pressing, titulada Avanzando hacia una extensión rural holística y participativa, se reconocía la imperiosa necesidad de fortalecer los “…servicios de asistencia técnica y extensión rural que resulten más holísticos en sus enfoques y que consideren la obligación y el beneficio de ser altamente participativos, involucrando a las comunidades y respetando sus saberes y diversidades locales…” La editorial enfatizaba, además, que el desarrollo territorial tiene que ser sistémico y participativo y alineado a políticas de extensión rural; y recomienda “…la renovación de los cuadros de extensionistas, dotándolos con nuevas capacidades en producción sostenible, enfoque de género, gestión de la innovación y los mercados, y uso de tecnologías de la información…” 

El paradigma de desarrollo rural denominado sectorial ya es historia. Mediante él, a pesar de las buenas intenciones, se privilegiaba la actuación y desempeño (metas físicas o financieras) de cada dependencia y no de los supuestos beneficiados. Al final los resultados eran magros, de poca o nula generalización. Actualmente, la tendencia es hacia el paradigma del desarrollo basado en la concurrencia de acciones, en la sustentabilidad y en el territorio. El centro de atención reside en la comunidad, región, cuenca, municipio o distrito. De acuerdo con este enfoque, todas las dependencias deben de incidir en el mismo territorio, tratando a todos como pares, resaltando el beneficio de la comunidad o región, superando el concepto tradicional de “cabeza de sector”. Este enfoque además, tiene la particularidad de convertirse en un enfoque cercano a lo holístico, ya que tiene que considerar todos los recursos, tomar en cuenta las vertientes social, económica, humana y ecológica y por arriba de todo, propiciar la participación de los productores beneficiados.   Este nuevo enfoque puede ser considerado como un paradigma emergente de la administración pública para la sustentabilidad del desarrollo rural. Si bien se parte de las experiencias acumuladas y de los proyectos exitosos en la materia, se reconoce que es un proceso de aprendizaje de todos los actores; que se requiere adecuar la oferta de la investigación, el diseño de un perfil curricular para un profesionista distinto, que sea la base para la institucionalización del proceso, su sistematización y eventual generalización.

El territorio rural representa un ecosistema en el que el hombre, como el centro y como un elemento mas del mismo, interactúa consigo mismo, con otros miembros de su comunidad, con los recursos naturales y con todos los elementos externos manifestados en programas de salud, educación, alimentarios, de asistencia, en apoyos de equipo e infraestructura para

la producción, de escuelas y clínicas, caminos, electricidad, agua potable y muchos más.

El territorio rural, como ecosistema original o prístino, ya no existe; la misma agricultura, transformó el paisaje natural en uno artificial; los cultivos y los animales domésticos han reemplazado a la flora y fauna originaria. Por definición la agricultura es la artificialización de la naturaleza.

Inclusive, la misma cultura de los pueblos originarios ha cedido su paso –en mayor o mejor grado- a manifestaciones modernas que le han agregado nuevos rasgos. Por ello, todo intento de transformar la realidad rural, aunque este sea solo introducir una mejor semilla, fertilizante o raza de ganado mejorado, tiene que considerar el territorio en su totalidad. Todo está interconectado, interrelacionado.

Lo rural es un todo, en el que la más leve modificación de uno de sus elementos, afecta al resto. Esta interdependencia implica que toda intervención externa debe de partir de una concepción global del territorio local, y su relación con el entorno regional y nacional.

De todos los elementos que integran el territorio rural, o mejor aún, como lo define Jean Robert (2010), la territorialidad  (que incluye el cultivo, la cultura, las costumbres, la hospitalidad, la subsistencia, los saberes, el agua, bosques, fauna, limites, senderos, umbrales, tradiciones, lenguas, modismos, cosmovisión, arraigo, respeto, diversidad, educación, salud, alimentación, caminos, luz, programas gubernamentales, espiritualidad, clima, sueños, aspiraciones, rebeldías,……); el hombre está en el centro de la misma.

Por tanto el extensionista debe de partir, primero, del saber lo que piensan los productores pertenecientes a un determinado territorio y organización: para de esta forma, entender sus prácticas productivas y su comportamiento cotidiano y entonces, estar en condiciones de acompañarlos en el descubrimiento de mejores prácticas de trabajo y vida, que les permita visualizar nuevas perspectivas y maneras de hacer las cosas, y al final asumir

una nueva mentalidad o actitud para que tomen las decisiones concernientes a su propio desarrollo y crecimiento como personas y productores.

Esto significa entender su cultura, concepto que tiene su origen en la agricultura misma; y que deriva del latín colere, que significa cultivar, o dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para su aprovechamiento, De aquí surgen los conceptos posteriores como cultivar los conocimientos, las artes, al hombre.

De lo que se trata es que sea el productor el que cambie. El que tome las decisiones, el que cambie de actitud, de mentalidad, que cambie su paradigma cultural. Metafóricamente, hablar de la territorialidad se puede comparar a un ser humano u organización humana, que contiene creencias, actitudes, objetivos hábitos, costumbres y tradiciones; no hay otro igual y con el tiempo va desarrollando características distintivas.

A la suma de todo ello le podemos denominar Cultura de la Territorialidad. La territorialidad, tiene varias dimensiones — espacial, social, económica, ecológica, política– dentro de las cuales subyace la cultural. Desde el punto de vista de sus pobladores, la territorialidad involucra tres sentidos, el de la identidad espacial, lo que conocemos como territorio o paisaje rural; ,el de exclusividad o pertenencia a un solar, milpa o monte; y el referente a la forma en que ellos interactúan con su espacio. Es por tanto no solo su patrimonio físico sobre una porción particular de tierra de la cual viven y dependen, sino que representa el ser, el hacer y el tener al interior de su territorialidad.

El Paradigma Emergente de la Extensión Holística

Para los practicantes, los estudiosos, los beneficiarios y los tomadores de decisiones de la extensión rural no cabe la menor duda de su significativo rol en el desarrollo rural. Sin embargo existe consenso en que se tiene que replantear la manera de organizar y llevar a cabo una extensión rural más acorde con las condiciones actuales de la agricultura nacional. Entre las principales razones para impulsar un nueva extensión rural sobresalen las de tipo fiscal y de presupuesto, el mal desempeño en algunas regiones y etapas, y la evolución y especialización de las tecnologías disponibles para hacer frente a los retos de alimentación, pobreza y cambio climático

Cuando hay ajustes presupuestales es común recortar aquellos programas o acciones que se perciben de menor impacto inmediato, menos visibles o que parecen menos significativas. Durante 2015, toda la administración pública federal mexicana elaboró su propuesta presupuestal en torno al método Presupuesto Base Cero que impulsó la reducción de duplicidades, resultados mediocres y excesiva burocracia. Esto ofreció la oportunidad de que se integrara la investigación, la capacitación y la extensión en una sola unidad administrativa que optimizara los recursos financieros.

Al identificar deficiencias en la ejecución y en los resultados esperados que se han manifestado en una lenta adopción de nuevas tecnologías y mejores prácticas de manejo, se establecen plataformas de análisis para buscar nuevas opciones de ejecutar los servicios de extensión. Y en cuanto a la cada vez mayor dependencia de la agricultura a tecnologías de vanguardia, especializadas y mayor precisión, cambia el sentido económico-productivo de la extensión. Esto es de particular importancia dada la globalización de los insumos que al ser ofrecidos por grandes empresas, hace que el servicio de extensión sea ofertado directamente por las mismas agroempresas como parte de la venta de los insumos. Este es un gran incentivo económico que impulsa nuevas maneras de allegar a los productores rurales de un extensionismo privado, como un insumo similar a las semillas, fertilizantes o equipos que venden.

Estas consideraciones tienen el peso específico suficiente para alentar la emergencia de un nuevo paradigma de la extensión rural; en el que se cuestione el rol de los sectores público y privado, la ejecución y operación de los actuales servicios de extensión dentro del sector público y la atención prioritaria de la extensión en los esquemas de combate a la pobreza y hambre entre los estratos de los pequeños y más pobres productores rurales. En el que se asegure que toda inversión, sea equipo, infraestructura, incentivos o de capacitación, sea parte de la extensión. Que sea permanente, de cobertura universal, flexible, ágil e inteligente para que adecúe a todas las regiones, productos y tiempos; que tenga la capacidad de irse adecuando a las circunstancias cambiantes. Que tenga una estrecha vinculación con la investigación técnico-científica, y que propicie que ésta estudie toda la cadena de valor y que se investigue realimente los problemas de los productores.

Este es el terreno fértil para la nueva extensión, que además de ser una odisea educativa, participativa, incluyente y sustentable; se caracteriza por su enfoque esencialmente humanista y pertenece a la categoría de innovaciones sociales, adaptables e intervenciones totales.

Referencias

 

FAO, 2015. Boletín 14 de agricultura familiar para América latina y el Caribe. Organización de los Estados Unidos para la Alimentación y la Agricultura Octubre-Diciembre 2015. ISSN: 2312-1610 (http://www.fao.org/3/a-c0026s.pdf )

IICA. 2014. La innovación en la agricultura: un proceso clave para el desarrollo sostenible. Posicionamiento Institucional, San José, Costa Rica 20 p. (Consultado el 30 de mayo de 2014: (http://www.iica.int/Esp/Programas/Innovacion/Documentos%20de%20Tecnologa%20e%20Innovacin/Innovaci%C3%B3n_PP_es.pdf)

Lam, Alice. 2005. Organizational innovation. Chapter 5 In: Jan Fagerberg, David C. Mowery, and Richard R. Nelson (Ed). The Oxford Handbook of Innovation. ISBN:  9780199286805.

Lam, Alice. 2004. Organizational Innovation.Brunel University .Brunel Research in Enterprise. Innovation, Sustainability, and Ethics .Uxbridge, West London .UB8 3PH ,U.K.  Working Paper No. 1 Bajado el 30 de mayo de 2014: http://mpra.ub.uni-muenchen.de/11539/1/MPRA_paper_11539.pdf)

Robert, Jean. 2010. La crisis: el despojo impune. Cómo evitar que el remedio sea peor que el mal. Editorial Jus. México. ISBN: 978-607-412-063-9 . 232 P.
 

 

 

 

 

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